Hace mucho, pero mucho tiempo, cuando aún los humanos eran amigos de los animales, hubo un hombre que amaba mucho a los pececitos. Le gustaban mucho. Recogía del mar a los que estaban heridos, enfermos o deprimidos y los cuidaba, restauraba y sanaba.
Un día de esos, tomó a un pez que ya llevaba algún tiempo cuidando y le dijo:
- Ya estás listo para volver al mar – Esa fue una gran noticia para nuestro amigo pez. La noticia le provocó varios sentimientos. Nervios, emoción, alegría adrenalina, etc.
Fue muy emotiva la despedida. Mientras el hombre le decía al pez que dentro de seis meses se volverían a ver para chequear su evolución el pez nadaba y nadaba mar adentro.
Mientras iba nadando se encontró con un pulpo y quedó maravillado por sus tentáculos.
- yo no tengo de esos – pensó, muy triste, el pequeño pez.
Pero fue tal la admiración del pez hacia el pulpo, que poco a poco le empezó a crecer un tentáculo por la espalda.
Al tiempo después, nuestro amiguito conoció al pez globo, y quedó asombrado cuando vio como éste se inflaba.
- pucha, yo no sé hacer eso – dijo en voz baja, el pez.
Pero admiró con tal fuerza al pez globo, que se esforzó y se esforzó por poder inflarse, hasta que lo logró, pero no como él esperaba. Se le infló toda la parte superior de la cabeza. Ahora tenía un tentáculo en la espalda y la cabeza inflada.
Después de un tiempo, conoció a la manta raya. Y quedó fascinado por lo planita que era.
- Ah!, yo quiero ser así – gritó el pececito.
Buscó una roca, y comenzó a aplastarse lo mas que pudo. Pese a sus más grandes esfuerzos, no pudo lograr la apariencia de una manta raya, pero al menos quedó con la forma de una longaniza, con cola de pescado, un tentáculo en la espalda y la cabeza inflada como globo.
Al cabo de los seis meses, volvió al lugar donde había comenzado su travesía, para encontrarse con el humano que lo había soltado. Cuando llegó al lugar vio al hombre, tal cual lo recordaba, pero cuando el hombre vio al “pez” se asustó mucho.
- ¿Quién eres tú? – le preguntó con mucho miedo.
- Soy yo poh – le contestó el pez.
- Perdón, pero yo no te conozco. – aclaró el humano – yo estoy esperando a un amigo, pero parece que no va a llegar. Si lo ves, dile que lo quiero mucho y que espero que esté muy bien y siga siendo igual de lindo que antes.
Un día de esos, tomó a un pez que ya llevaba algún tiempo cuidando y le dijo:
- Ya estás listo para volver al mar – Esa fue una gran noticia para nuestro amigo pez. La noticia le provocó varios sentimientos. Nervios, emoción, alegría adrenalina, etc.
Fue muy emotiva la despedida. Mientras el hombre le decía al pez que dentro de seis meses se volverían a ver para chequear su evolución el pez nadaba y nadaba mar adentro.
Mientras iba nadando se encontró con un pulpo y quedó maravillado por sus tentáculos.
- yo no tengo de esos – pensó, muy triste, el pequeño pez.
Pero fue tal la admiración del pez hacia el pulpo, que poco a poco le empezó a crecer un tentáculo por la espalda.
Al tiempo después, nuestro amiguito conoció al pez globo, y quedó asombrado cuando vio como éste se inflaba.
- pucha, yo no sé hacer eso – dijo en voz baja, el pez.
Pero admiró con tal fuerza al pez globo, que se esforzó y se esforzó por poder inflarse, hasta que lo logró, pero no como él esperaba. Se le infló toda la parte superior de la cabeza. Ahora tenía un tentáculo en la espalda y la cabeza inflada.
Después de un tiempo, conoció a la manta raya. Y quedó fascinado por lo planita que era.
- Ah!, yo quiero ser así – gritó el pececito.
Buscó una roca, y comenzó a aplastarse lo mas que pudo. Pese a sus más grandes esfuerzos, no pudo lograr la apariencia de una manta raya, pero al menos quedó con la forma de una longaniza, con cola de pescado, un tentáculo en la espalda y la cabeza inflada como globo.
Al cabo de los seis meses, volvió al lugar donde había comenzado su travesía, para encontrarse con el humano que lo había soltado. Cuando llegó al lugar vio al hombre, tal cual lo recordaba, pero cuando el hombre vio al “pez” se asustó mucho.
- ¿Quién eres tú? – le preguntó con mucho miedo.
- Soy yo poh – le contestó el pez.
- Perdón, pero yo no te conozco. – aclaró el humano – yo estoy esperando a un amigo, pero parece que no va a llegar. Si lo ves, dile que lo quiero mucho y que espero que esté muy bien y siga siendo igual de lindo que antes.



